Era un amor idílico, simplemente no podía ser, el era un
sapo y ella una rana, a simple vista no se nota la diferencia, pero la verdad
es que son muy distintos los sapos tienen la piel áspera, dura, les encanta
saltar más que caminar, las ranas tienen la piel brillosa, suave usualmente más pequeñas, de cabeza grande,
ojos prominentes, y contextura más delgada y sus patas son más largas para poder
saltar libremente si quieren
al ser especies
distintas todo era más complicado, todo empezó cuando se conocieron en el
estanque donde iban de vacaciones, se encontraron una vez y hubo un destello de
luz entre los ojos de los dos reptiles, lo sintieron al momento, sin embargo
sabían que no podía pasar nada y se tomaron las cosas con calma, solo
conversaron durante horas de su vida en el campo, de su familia, de cómo veían
la vida cada uno, el sapo pensaba que no existía el tiempo, que no era necesario
estudiar, ni preocuparse por nada, porque al final la vida era para vivir la,
ni siquiera era seguro que existieran o que estuvieran en este plano o en mas.
La rana pensaba que la vida estaba llena de magia, que todo importaba, que
había que estudiar, superarse, conseguir un buen trabajo, enorgullecer a tu
familia, fijarse en todos los detalles para conseguir la magia en cualquier
lugar, porque estaba muy cerca.
Aun cuando sus puntos de vistas eran muy diferentes lograron
conversar por horas y les encantaba escuchar el punto de vista del otro. Ese
año regresaron a sus vidas cotidianas sabiendo que habían conocido a alguien
fantástico.
Al año siguiente al volver al estanco de vacaciones
volvieron a reencontrase, otra vez surgió la chispa entre ellos, el sapo empezó
a contar historias de terror para asustar a la rana y ella se pegaba a él para
quitarse el miedo, hasta que sin poder evitarlo sus lenguas se juntaron y fue
un beso maravilloso, fantástico, lleno de magia, de ilusión, de verdad.
Sin embargo, lo de ellos no podía ser, porque eran razas
distintas, no estaría bien visto, así que lo mantuvieron en secreto, se
encontraban a solas cuando todos dormían, veían la puesta de sol desde una
roca, saltaban los tejados de casa vecinas para esconderse en el techo y poder
tocarse, besarse y hablar mucho sobre lo
diferente que veían el mundo.
Al acabar las vacaciones regresaban a sus hogares con el
corazón un poco triste porque se terminaba la historia mágica, porque tenían
que volver a la realidad y recordar que eso que era tan maravilloso no podía
ser porque la verdad es que no se atrevían a pensar que podían desafiar a la
sociedad o a ellos mismos en aventurarse en algo así.
Aunque no estuvieran juntos, siempre se pensaban, no se
llamaban, ni se escribían, pero cada uno por su lado pensaba en el otro.
Todos los años durante siete años se encontraban en el
estanque y revivían todo como si no hubiera pasado ni un día, era la necesidad
de vivir todo intensamente porque sabían que en unos días se iba a acabar y no
iban a verse por mucho tiempo, así que lo entregaban todo, nada más importaba,
solo vivir eso que tenían, sentirse, recordar su olor, sentir la diferencia de
sus pieles.
Ese último año algo cambio, el sapo se canso de estar en
secreto, quería a la rana para él, quería decirle al mundo que estaban juntos,
la rana tenía un poco de miedo, no estaba seguro de como se lo iban a tomar los
otros, además, eran tan diferentes, no podía funcionar.
Sin embargo al sentir la piel áspera del sapo, al sentir
como su lengua tocaba su piel, no pudo resistirse, se unió a la locura del sapo
y esa vez no regresaron a la rutina cada cual por su lado, si no que regresaron
juntos ,
Fueron días maravillosos, llenos de misticismos, la pasión
estaba como ambientador, pasaron meses
sin poder despegarse, no querían salir ni comer, solo estar juntos, se sentían
poderosos desafiando al mundo, logrando lo imposible, esa sensación que te da
cuando sabes que estas haciendo algo que todo el mundo te dice que está mal,
que no va a funcionar y tú ves como despierta una chispa que hace que el mundo
gire más lento, que la luna brille más, porque estas consiguiendo lo que a
todos les parece imposible.
Todo era tan maravilloso y tan intenso que decidieron vivir
juntos, vivían muy cerca de la familia del sapo, que a diferencia de la familia
de la rana, los apoyaba, les parecía que era una historia bonita y dejaban que
vivieran tranquilos.
Fueron meses muy movidos, la convivencia no era fácil, el
sapo tenia gustos que a la rana no le gustaba, se la pasaba comiendo mosquitos
venenosos, no sabía que quería para su futuro, le encantaba jugar en el rió, la
rana quería salir a visitar nuevos bosques, quería relacionarse con otras
ranas, en fin, querían cosas diferentes.
Al poco tiempo empezaron a llevarse mal, paliaban todo el
tiempo, se trataban feo, pasaban el día insultándose.
La rana le decía que no servía para nada, que eso no era lo
que ella se merecía, que se buscara la vida, que estaba aburrida, el sapo se
quejaba de que la rana salía mucho, que ya no se ocupaba del hogar, desconfiaba
de ella, empezaron a hacer las cosas aposta para molestarse, parecía una
batalla campal a ver quién era más fuerte; pero.. Habían esos días de calma,
donde se veían a los ojos y recordaban lo bonito de todo, donde sentían que lo
único que importaba en el mundo era el uno y el otro, esos días todo se
disipaba, todo era perfecto, pero al cabo de unos días volvía el caos.
Ninguno de los dos quería tomar la decisión de separarse,
porque sabían que el fondo se seguían amando locamente, pero ya no podían
seguir juntos, la conciencia ya no era posible, no había respeto, se había
perdido ese trato especial lleno de complicidad que hacía que todo en el mundo
fuera posible.
Así que la rana finalmente tomo la decisión de separarse, y
se devolvió al pueblo con su familia, estaba muy triste y desorientada, pero se
daba cuenta que a veces dos razas distintas simplemente no pueden estar juntas,
que a lo mejor el amor no lo puede todo, que todo está hecho por algo y para
algo y que si las cosas no van a salir bien desde el principio es mejor no
intentarlo.

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