Una semana para la transformación


Ana era una chica pelirroja, con piel perfecta, con el aspecto de una succubus pero inocente, con una actitud vibrante ante la vida, llena de energía pero muy clara en sus convicciones, aunque es soñadora y un poco ingenua, sabe exactamente que es lo que no quiere, es de esas personas carismáticas por fuera y rudas por dentro, de su interior no deja conocer mucho, siempre pone barreras que le impiden penetrar a las personas, por eso se mantiene segura, tranquila, confiada, no tiene el corazón herido todavía, lo que hace que vea la vida con ojos abiertos pero expectantes, con tantas ganas de magia, de sentir emociones intensas que la hagan conectar su propio mundo de fantasía con la realidad.
En esos sueños andaba, una noche en un catamarán de fiesta con sus amigos, pasando la noche sin preocupación alguna, como si no existiera mañana, bailando hasta que no sintiera el cuerpo, dejándose llevar por la música en su máximo esplendor, con el viento y el olor del mar pegándole en la cara, simplemente fantástico, esa mezcla de fiesta, de sentirse en confianza, de ser nada más que un cuerpo danzante combinado con unas vistas hermosas, de barcos alucinantes, de luces, el cielo estrellado, el mar.
Entre baile y copas conoció a un chico hermoso, apenas lo vio, llamó por completo su atención, no era su tipo exactamente, pero era muy atractivo, con ojos claros, alto, piel blanca pero bronceada, musculoso, cabello muy corto, lo que más llamaba la atención es su mirada, una mirada penetrante y sexy que la seguía por todo el barco; pero ella lejos de cualquier complicación no le dio importancia, esa noche estaba hecha solo para bailar, además pasaba de conocer nuevos hombres, no tenía ningún interés en dejar entrar a nadie en su vida, eso estaba claro.
Pero pasada la noche, con más copas encima y estrechando lazos con toda la tripulación fue inevitable que se le acercara, el tenia una cámara inmensa e iba tomando fotos por todo el barco, a ella la perseguía con la cámara, era muy divertido,   a Ana le encantaban las fotos, y más le gustaba la idea de tener el interés de un chico tan guapo, cuando se le acerco fue para pedirle una foto de los dos, ella acepto sonriente como era de esperar, luego de ese momento, se creó un ambiente de familiaridad un poco extraño, aunque no compartieron mucho durante la noche, las miradas siempre se encontraban, al igual que los roses casuales en medio de un baile.
Al terminar la noche el atractivo joven le pidió el numero, pero Ana no se lo dio, le respondió pícaramente que si de verdad le interesaba contactarla, el encontraría la manera.
Así se despidieron y pasaron varios días sin saber el uno del otro, hasta que un día Ana recibe una invitación por facebook de un tal Darío, con un mensaje que decía “acéptame y te pasare muchas fotos”. Ella se sentía feliz y radiante, recordó inmediatamente quien era y había un poco de emoción en ella.
Después de unas cuantas conversaciones por facebook, de intercambiar números y de tener las típicas conversaciones por wassa, tuvieron su primera cita.
Una primera cita magnifica, el desconocido y guapo Darío se estaba convirtiendo rápidamente en un príncipe azul, busco a Ana a su trabajo, le dijo lo hermosa que le quedaba el vestido rojo que cuidadosamente había elegido para la ocasión y bajo el techo del BMW, tuvieron una amena conversación durante el camino, con el sol y el viento pegándole en la cara, despeinando un poco el cabello, conversaron banalidades propias de desconocidos, hasta que llegaron a un restaurante súper lindo, un molino por fuera y por dentro decorado rustico pero elegante, con mesas y sillas de maderas, fuentes y flores por todos lados, el olor de la carne recién hecha, del fuego, era un ambiente perfecto.
Al sentarse pidió una botella de vino, preguntándole primero cual era su uva favorita, primer punto ganado para Darío, compartieron la cena entre risas, conversaciones inteligentes y divertidas, un poco de filosofía de la vida, de que cosas molestan del mundo, de las personas falsas, de trabajo, en fin, una delicia de cena por todos los lados.
Salieron de allí y Darío la llevo a un sitio cubano de mojitos, unos mojitos deliciosos, buena conversación un poco de seducción de ambas partes, compartieron un par de cigarros fuera del local, Darío saco su computadora y le enseño las fotos del barco, otro cigarro y de repente... un acercamiento, no fue un beso, solo un acercamiento lleno de pasión, de magia de energía, pero más nada.
Tercera parada, la playa, con una copa de vodka cada uno se sentaron a orillas de la playa, llenos de arena a hablar sobre sus vidas, a compartir experiencias, emociones, sueños, dolores, durante tres horas mantuvieron una conversación intensa e interesante, que iba creando un ambiente cada vez más intimo, con la luna llena a su máximo esplendor, el aire fresco cubriendo los cuerpos y el sonido del mar como música de fondo, así fue el primer beso, uno lleno de pasión, de intimidad, como si se conocieran de hace años, pero con respeto, con estrellas titilando en el cielo, el corazón acelerado y mariposas en el estomago.
Luego de ese increíble beso, Darío le dijo que quería las cosas con calma, porque le gustaba muchísimo, que tenía tiempo que no experimentaba esa sensación de satisfacción, de sentirse en confianza con alguien, que además estaba en pleno proceso de divorcio, al parecer hacia dos meses que se había separado de su esposa, pero las cosas se complicaban porque tenían un hijo en común, primera señal de alerta que detecto Ana, dos meses? Muy poco, la habrá olvidado en dos meses? Puede ser alguien tan perfecto como se comporta en su primera cita? Existen los príncipes azules?
Ana, se hacia todas estas interrogantes mientras se perdía en los ojos azules y penetrantes de Darío, al día siguiente hicieron planes para ir a la playa antes de q Ana tuviera que ir a su trabajo, y cuando iban camino al coche, Darío le pidió dormir juntos esa noche, segunda señal de alerta, quería ir despacio, pero la primera noche ya iban a dormir juntos?
Sin embargo fue una señal pasada por alto, con esos hermosos ojos azules, la convenció de que era solo dormir, le dijo que confiara en el, que no iba a pasar nada, que iban a seguir con calma, poco a poco y Ana totalmente idiotizada por la magia del momento acepto.
Al llegar a la casa todo fue muy cómodo, tomaron un poco de whisky, siguieron conversando un poco y a dormir, solo dormir.
A la mañana siguiente se despertaron como dos conocidos de toda vida, con besos y caricias, fueron juntos a desayunar y luego a la playa.
Un día maravilloso una vez más, excelente la segunda cita, con un sol radiante, el agua a la temperatura perfecta para que no haga tanto frio pero sea necesario un poco de abrazos para entrar en calor, caminaron agarrados de la mano con total confianza y almorzaron en un bar a pie de la playa, una comida deliciosa, una conversación fantástica, besos, caricias, apretones de mano, una segunda cita un poco surrealista e intensa, pero Ana estaba encantada, aunque no es de las que le gusta mucho los contactos en público, o darse la mano al caminar, en esta ocasión estaba como flotando.
La dejo en casa y espero que se bañara y cambiara para llevarla hasta su trabajo, Ana paso el día flotando en una nube, además recibió unos cuantos mensajes de Darío diciéndole cuanto la extrañaba ya, lo bien que la habían pasado y haciendo referencia a esa extraña conexión que se había creado y que hacía que todo fuera tan cómodo.
La fue a buscar en la noche, fueron a cenar y luego a casa, si, otra vez a casa, desde la primera cita no habían dormido separados una noche, pero aun era solo dormir.
Al día siguiente amaneció nublado, oscuro y lluvioso, algo poco inusual en palma en pleno verano, pero perfecto para dos tortolitos que poco les importaba el tiempo, comieron juntos en un sitio súper acogedor, en las afueras, rodeados de arboles por todos lados, conversando tonterías y viéndose a los ojos como dos adolescentes, eran besos por aquí, caricias por allá, no podían estar separados más de dos minutos sin quererse besar o tocar.
Esa noche Darío la fue a buscar y se la llevo a un pueblo hermoso, en una casa muy grande, llena de obras de arte, con una decoración entre vanguardista y clásica, tomaron unas copas, con unas hermosas vistas, en plena naturaleza hablando de sus vidas, de lo maravillosos que se sentían juntos y luego de un intenso beso, la llevo a la habitación.
La habitación era inmensa, con un ventanal  que daba a una terraza con vistas a la montaña y al mar, estar allí daba la sensación de sobrevolar todo el lugar, podías ver las estrellas uniéndose con el mar.
Esa conjunción perfecta entre realidad y fantasía hizo que toda la noche fuera mágica, los besos fluían por todo el cuerpo,  podían sentir a la adrenalina pasar gota a gota por cada centímetro de piel, era una compenetración perfecta, un fluir de emociones y de sensaciones que terminaba con exaltaciones que llegaban a la más distante de las estrellas.
Al día siguiente Ana se despertó feliz y radiante con un plato de sandías y una cara enamorada observándola.
Pasaron todo el día disfrutando de la piscina, el sol, de ver las montañas como se imponen contra el mar, esa sensación de que estas libre, de que nadie los controlaba, que solo estaban haciendo lo que el cuerpo les pedía, dejándose llevar sólo por las sensaciones, por las emociones que fueran fluyendo, sin que nada más importara.
Al caer el día volvieron a la ciudad, disfrutaron de una deliciosa cena y pasaron la noche viendo películas y rosando sus cuerpos.
El resto de la semana, oscilaba entre la rutina del día donde cada uno tenía que ir a trabajar y la mágica experiencia que era volverse a encontrar, durante el día se llamaban y mandaban mensajes de lo ansiosos que estaban de volverse a encontrar, cada día en el trabajo parecían semanas, apenas terminaba la jornada Darío buscaba a Ana y volvían a su pequeño nicho recién creado.
Todas las noches eran mágicas y diferentes, mientras más tiempo pasaba, más complicidad se iba creando, hacían planes a futuro, todo era tan intenso que ninguno de los dos se había percatado de que no podía ser, que lo que fácil viene fácil se va.
La noche del jueves, se encontraron con sus mundos, Ana, su mundo de amigos y fiestas, Darío, con cada copa más agresivo.
Esa noche nada fue mágico ni especial, esa noche se encontraron con la realidad y les estallo en la cara con forma de airbag.
Al día siguiente, luego de colisiones, clínicas, confusión, todo había vuelto a la normalidad, Darío volvió con su esposa y Ana comprobó una vez más que los príncipes no existen.


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